Es importante dedicarles tiempo de calidad a los niños, siempre podemos integrarlos en nuestras actividades de rutina, sin embargo, es esencial que busquemos un tiempo de al menos 30 minutos al día (sin pantallas, sin contar los momentos para comer, bañarse o hacer diligencias), para compartir con ellos y darles nuestra atención plena. Podemos jugar con ellos o simplemente acompañarlos mientras juegan.

Los padres en general, principalmente los papás, tendemos a tomar el control de los juegos de nuestros hijos, queremos decirles cómo y dónde jugar, se nos salen frases como «¡así no!», «mejor así», o «ven, dame y te muestro cómo jugar». La idea de unirnos a su juego es que ellos se sientan libres de jugar como quieran, que dejen volar su imaginación y nos vean respetar sus iniciativas. Al unirte, observa qué hace, siéntate a un lado, evita hacer preguntas y más bien comenta o narra lo que ves: «estás dándole comida a la bebé (muñeca)», «todos tus carros están haciendo una carrera», «estás dibujando con mucho color verde». De esta manera les demostramos que les estamos prestando atención, sin imponernos y sin interrumpirlos.

No es lo mismo que alguien te vea trabajar en el computador y te diga «veo que estás redactando un artículo» a que te digan «¿qué estás haciendo?, ¿de qué se trata ese artículo?». Las preguntas nos desconcentran, interrumpen el flujo de lo que hacemos, en cambio los comentarios no, ya que podemos seguir concentrados porque no necesitamos responder nada. Hacer esto no es fácil y al principio te sentirás rara, pero tus hijos notarán la diferencia en tu actitud y eventualmente te invitarán a jugar, te invitarán a formar parte de su mundo imaginario. 

De igual modo, también es recomendable que cada padre comparta un día especial con cada hijo, por separado, a la semana. Por ejemplo, si es una pareja con dos hijos, mamá puede salir con el mayor el sábado mientras papá sale con el menor y luego intercambian el domingo.

El objetivo del día especial es darle a cada hijo un espacio de atención exclusiva, realizando actividades que elija el niño, en el lugar que él quiera, siguiendo sus instrucciones. Es el día del niño para estar “al mando”, dentro de lo razonable, o con una lista de opciones que estén a nuestro alcance cumplirlas. Entonces, si tu hijo te pide que jueguen fútbol y te dice que tú eres el portero, acéptalo y no trates de convencerlo de ser el delantero. Si quiere ir a comer pizza (y la puede comer), llévenlo. Y siempre le recuerdan que como es su día especial, pueden hacer lo que él sugiera.

Incluso, en la semana cuando pida algo fuera de la rutina (hacer una nueva actividad, ir de paseo a un sitio, comer una comida especial), le pueden recordar que tiene su día especial, y si así lo desea, ese día hacen eso o algo más que elija de la lista de opciones.

Todos necesitamos atención plena de nuestros seres queridos, por eso a las mamás nos gusta conversar con nuestras amigas, a los papás les gusta salir solos con nosotras o con sus amigos, y a nuestros hijos les gusta jugar a solas con mamá o papá, más aún cuando son familias numerosas, el día especial puede ser el aliado para que tus hijos sientan que a pesar del caos y la rutina diaria, siempre tendrás un momento especial para cada uno.

Cuéntame, ¿te gustó la idea del día especial? Comparte este artículo con alguna mamá a quien le pueda interesar.

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